Fecha de publicación: 2009/01/19
Estaba leyendo un artículo acerca de los errores en el lanzamiento de Keteke por parte de Telefónica (los normales en organizaciones enormes y burocratizadas hasta el tuétano, en las que hay que mostrar constantemente nuevas ideas con una fachada sorprendente pero huecas por dentro para sorprender a los superiores), y hay un párrafo que me ha llamado la atención:
Lo que más miedo me da es que Telefónica ha declarado que planean sacar tarifas de datos especiales y permanentes para los usuarios de Keteke. Eso sí sería un valor añadido bastante importante, ya que usar Keteke en el móvil costaría menos que usar otras redes sociales o servicios (sí, hasta Google sería más caro). En el dudoso caso de que triunfe, sería a costa de perder la neutralidad en la red. Bienvenidos a la Telefónica del siglo XXI.
Todo un torpedo en la línea de flotación de la neutralidad de la red (con muchos granitos de arena se hace la montaña, y este es uno, ni el primero ni el último): Telefónica te va a cobrar más por la conexión si accedes a Facebook o Tuenti que si accedes a Keteke.
¿Donde está la binomio del intervencionismo (Gobierno de España® y Unión Europea)? ¿A que esperan para proteger a los ciudadanos que les sostienen económicamente de la ruptura de la neutralidad de la Red?
Ah, no recordaba que quitando la neutralidad de la red nos quitamos de encima contenidos perniciosos que hablan de la corrupción del binomio anteriormente mencionado, se deja de hablar de la intromisión inmoral de los gobiernos en la vida de los ciudadanos (EpC, imposición hostil de las lenguas autonómicas, nuevos estatutos de autonomía), de la islamización de Europa (asunto que, desafortunadamente, ya solo puede solucionarse mediante la violencia), de los gastos supérfluos e inútiles de las Administraciones Públicas (como la famosa cúpula de Barceló, de valor incalculable) que nos quitan el 50% de nuestros ingresos y otros asuntos igual de jugosos.
Os doy gracias, burócratas, por protegernos de los contenidos perniciosos de la Red, por darnos la felicidad de la ignorancia. ¡Vivan las cadenas!