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El canon en las bibliotecas

Parece que a la Unión Europea no le ha gustado que España desobedezca en el tema del canon a las bibliotecas.

Lo raro es que España no haya hecho caso de la legislación que obligaba a imponer dicho canon, habiendo como hay un montón de intermediarios de la cultura (en este caso las editoriales) insaciables, deseando llenar sus arcas. Por que no se trata de otra cosa distinta de llenar las arcas (en algunos casos bastante repletas). Si en realidad fuese para compensar a los autores, que es lo que argumentan, ¿como pueden compensar, por ejemplo, al autor del Lazarillo de Tormes? En primer lugar no es muy probable que ese autor esté vivo, y en segundo lugar, se desconoce su identidad. Creo que son dos factores que dificultan bastante darle a ese autor el dinero que le corresponde. Pero por antigüedad, según el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, ya no tendría derechos que cobrar (estos artículos no se ven afectados por la Ley 19/2006, de 5 de junio):


Artículo 26. Duración y cómputo.

Los derechos de explotación de la obra durarán toda la vida del autor y setenta años después de su muerte o declaración de fallecimiento.

Artículo 27. Duración y cómputo en obras póstumas, seudónimas y anónimas.

1. Los derechos de explotación de las obras anónimas o seudónimas a las que se refiere el artículo 6 durarán setenta años desde su divulgación lícita.

Cuando antes de cumplirse este plazo fuera conocido el autor, bien porque el seudónimo que ha adoptado no deje dudas sobre su identidad, bien porque el mismo autor la revele, será de aplicación lo dispuesto en el artículo precedente.

2. Los derechos de explotación de las obras que no hayan sido divulgadas lícitamente durarán setenta años desde la creación de éstas, cuando el plazo de protección no sea computado a partir de la muerte o declaración de fallecimiento del autor o autores.

Artículo 28. Duración y cómputo de las obras en colaboración y colectivas.

1. Los derechos de explotación de las obras en colaboración definidas en el artículo 7, comprendidas las obras cinematográficas y audiovisuales, durarán toda la vida de los coautores y setenta años desde la muerte o declaración de fallecimiento del último coautor superviviente.

2. Los derechos de explotación sobre las obras colectivas definidas en el artículo 8 de esta Ley durarán setenta años desde la divulgación lícita de la obra protegida. No obstante, si las personas naturales que hayan creado la obra son identificadas como autores en las versiones de la misma que se hagan accesibles al público, se estará a lo dispuesto en los artículos 26 ó 28.1, según proceda.

Desconocido, muerto (y sin herederos conocidos) y sin derecho a cobrar. ¿Que argumenta ahora el intermediario de la cultura? Muy sencillo: que han incluido un prólogo, una introducción, un montón de útiles anotaciones, etc. Se trata de la creación de una obra derivada.

Eso de obra derivada puede sonar un poco a Creative Commons. Quizá las obras de autores españoles en las que los derechos económicos hayan cesado por la antigüedad deberían regirse por la Creative Commons, o por algo parecido, de forma que el uso comercial quedase restringido a aquellos intermediarios culturales que aceptasen que esa obra que publican quedase exenta de canon en las bibliotecas. Pero claro, esas cosas no gustan a los intermediarios culturales, quienes quieren erigirse en propietarios de una cultura que no es solo suya, sino de todos.

Un párrafo muy interesante sacado de IWETEL:

¿podrían las editoriales aclarar qué parte del impuesto correspondería a los herederos de Cervantes por el préstamo público de una traducción centenaria del Quijote? Y, además, ¿dónde obtienen las editoriales y los editores literarios las ediciones históricas y manuscritos de obras clásicas cuyo cotejo es necesario para volver a publicarlas? ¿Acaso no los buscan en las bibliotecas, sin mencionarlo en sus ediciones (no sea que los bibliotecarios vayan a exigirles un impuesto por ello)?

Los autores que no viven de escribir libros y la venta de sus libros no les reporta importantes cantidades de dinero (probablemente haya alguno), pero que están vivos y la antigüedad de sus obras (seguro que algunas serán interesantes) aun les permite tener derechos económicos sobre ellas quizá debieran plantearse distribuir su obra bajo una licencia Creative Commons:

Las editoriales se ponen histéricas con ese tipo de proyectos, y protestan, dicen, que por el bien del bolsillo de los autores. Pero si buena parte de los autores de libros no viven de ello, ¿que más les da? Lo que les interesa a esos autores no es la cantidad de ejemplares que se vendan, sino la difusión y repercusión de su obra. Entonces, ¿porque atarse a una editorial? ¿Por que no usar una licencia Creative Commons (por ejemplo)? Con la licencia Creative Commons la obra se podría difundir facilmente por Internet, y si una editorial considera que esa obra merece la pena (leer en pantalla es un calvario, y ponerse a imprimir y encuadernar un libro es poco económico) podrían libremente publicar esa obra, y, si el autor lo permite (seguro que la editorial puede llegar a un acuerdo), lucrarse (si el libro es bueno, seguro que se vende). De ésta forma las editoriales no salen tan perjudicadas (aunque tendrían que cambiar un caduco modelo de negocio que por nada del mundo les gustaría cambiar).

De esa forma los intermediarios culturales no tendrían argumentos para cobrar un canon, ya que si el autor permite que su libro se distribuya libremente… Pero los políticos profesionales (solo son competentes en mantener la silla bien calentita y cobrar su jugoso sueldazo, y sus huestes son numerosas) que se encargan de hacer las leyes no serían capaces de hacer la distinción entre un libro de libre distribución y uno que no lo es. Al hacer una ley no serían capaces de distinguirlos. Y si alguno de esos políticos da indicios de ser capaz, ya se encargarán los intermediarios culturales de convencerle. Como sea, cueste lo que cueste.

Otro ejemplo. Una casa en la que viven tres personas (‘A’, ‘B’, ‘C’ y ‘D’). ‘A’ tiene una excelente colección de libros, de todo tipo: de autores actuales, del Siglo de Oro, alguno de la Edad Media, alguno de Aristóteles, libros descatalogados que ya no se venden (y de los que las editoriales ya no pueden sacar rentabilidad, suponiendo que esas editoriales sigan existiendo). ‘B’ encuentra un libro de un autor actual y se lo pide prestado a ‘A’. ‘A’ es generoso y se lo presta. ‘C’ rebusca en la colección y encuentra un libro de un autor que está vivo, pero que está descatalogado, ya no se vende. Se lo pide prestado a ‘A’, que accede al trato. ¿Tiene ‘A’ y que pagar el canon? ¿No es lo mismo que cuando se presta en la biblioteca?

Si el libro ya no se edita es evidente que ni autor ni editorial pueden sacar beneficios del mismo. Y si la editorial no lo edita es porque no quiere, sea cual sea el motivo. En este caso el canon es absurdo, no tendría sentido, ya que no se causa pérdida económica a nadie. En todo caso el préstamo de ese libro puede darle publicidad, y hacer que haya gente interesada en comprarlo (eso, al menos a mi, no me parece pérdida económica).

Por supuesto en el canon bibliotecario intervienen sociedades de gestión, empresas privadas (parasitarias) que, como sabemos por la SGAE, solo miran por si mismas. El autor es una mera excusa. Si pueden evitar dar a los autores el dinero que les corresponda no dudeis que lo harán. Esas sociedades y las editoriales insisten en que se trata de beneficiar al autor. Entonces, ¿por que esa cantidad de empresas privadas se meten a defender los intereses de personas que, en principio, son externas a ellas? Una empresa privada nunca metería dinero en una causa que no le va a beneficiar: la inversión económica ha de dar beneficios. El dinero es para editoriales y sociedades de gestión. Y si sobra algo, pues para los autores que les sean cercanos y hayan colaborado en la implantación del canon bibliotecario, mostrando esa acción al público para que se vea que el sistema “funciona”, y que los autores son los grandes beneficiados (si se han vendido a las editoriales, claro).

Mas atrás he puesto unos ejemplos de obras en las que en principio no hay que cobrar canon. Esas obras suelen ser antiguas, en muchos casos clásicos de la literatura. Probablemente supongan una cantidad importante de préstamos en bibliotecas. Al no haber autor, ni derechos económicos, ¿quien se lleva el dinero? ¿Que se hace con ese dinero? ¿No habría que eximir del pago de canon a determinadas obras? No, ya que supondría que las editoriales y sociedades de gestión dejarían de ingresar un dinero que, aunque no les corresponde legítimamente (recuerdo que cuando alguien coge algo que no es suyo, eso es robar) lo codician, lo desean con toda su alma (probablemente negra y podrida).

El tema del préstamo en biblioteca no es tan grave como lo ponen, según una encuesta (sacado de @bsysnet: Préstamo bibliotecario y derechos de autor):

A la pregunta: ¿Cómo ha llegado a sus manos el último libro que ha leído o está leyendo? Los porcentajes de respuesta son:

  • 57.6 % lo compró.
  • 20,7 % se lo han prestado.
  • 17,8 % se lo regalaron.
  • 3.9 % lo pidió prestado a la biblioteca.

Casi que les sale más rentable cobrarle el canon a aquellas personas que prestan sus propios libros. Un 3,9%, y dicen que les perjudica: ¡hay que ser muy roñosos!

Y una última razón: según el Real Decreto Legislativo 1/1996, de 12 de abril, el canon bibliotecario es ilegal:

Artículo 37. Libre reproducción y préstamo en determinadas instituciones.

1. Los titulares de los derechos de autor no podrán oponerse a las reproducciones de las obras, cuando aquéllas se realicen sin finalidad lucrativa por los museos, bibliotecas, fonotecas, filmotecas, hemerotecas o archivos, de titularidad pública o integradas en instituciones de carácter cultural o científico, y la reproducción se realice exclusivamente para fines de investigación.

2. Asimismo, los museos, archivos, bibliotecas, hemerotecas, fonotecas o filmotecas de titularidad pública o que pertenezcan a entidades de interés general de carácter cultural, científico o educativo sin ánimo de lucro, o a instituciones docentes integradas en el sistema educativo español, no precisarán autorización de los titulares de los derechos ni les satisfarán remuneración por los préstamos que realicen.

Para saber más:

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Hay un comentario a “El canon en las bibliotecas”

Yavannna dice:

Fecha de comentario: 2006/10/30 10:02

Como ya comenté, seguramente en el norte de europa no tengan los impuestos de propiedad intelectual abusivos que nosotros si tenemos, no cuenten con una maravillosa entidad denominada SGAE y por supuesto su cultura bibliotecaria se encuentre en otro plano totalmente distinto al que nos encontramos nosotros.

Como la legislación comunitaria puede con la española, pues esto no tiene mucha vuelta atras.

Propongo más salidas de las que tu dices, si bien, la licencia más justa me parece la de CC incluso, el autor que quiera sacar beneficios con al venta de su libro podría firmar una clausula pidiendo que no se cobrase el canon para su obra por préstamos público.

Otra idea, esta a desarrollar en las bibliotecas es muy sencilla… que se cobra por ejemplar en biblioteca y por ránking de préstamos… ok!! Señores, volvamos al préstamo manual, sin un opac que contabilice los préstamos ¿como saben por qué obras hay que pagar y cuanto?

Ahora hablando en serio, me parece una verdadera salvajada la medida de implantar un canon, una salvajada que realmente no reporta prácticamente ningún bien económico a los autores y si a los editores… y no olvidemos que España es uno de esos paises en los que más libros se editan al año, más se compran y las encuestan sin embargo dicen que se lee poco; por lo que se deduce que a la gente en general le gusta tener libros en sus estanterías, otra cosa es ya leerselos… y ahora encima quieren enriqucerse de los que si que leen libros… vamos hombre!!!

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